Asociación Otraescuelaesposible

 

Testimonios

Este es un espacio dedicado a todas aquellas opiniones acerca de la escuela de nuestros hijos. Te animamos a que la expreses de manera respetuosa y constructiva.

Temer al colegio

Nuestro desembarco escolar ocurrió en el año 2001, cuando nos instalamos en Cataluña. Veníamos de un colegio bastante especia -fuera de España-, con un proyecto educativo orientado a educar para la PAZ, con la formación de alumnos mediadores de conflictos y con un seguimiento individualizado de los niños por un grupo de psicopedagogos. Colegio en el que ‘educar’ contenía una carga valorativa que excedía al simple hecho de transmitir conocimientos a una caja –mente del niño- vacía.  El sistema de enseñanza-aprendizaje era el llamado ‘constructivismo’. ¡Oh!, sorpresa la nuestra cuando nos encontramos frente a una legitimada educación pública masificada, con un sistema pedagógico arcaico y autoritario, que criminaliza a los niños y niñas, que se desentiende de ellos y de sus procesos individuales de aprendizaje, agravado en este caso, por el uso obligatorio de una lengua extraña: el catalán.

Mis hijas comenzaron a vivir la situación escolar con cierto temor. Temor ante el maestro (el depositario del poder en el aula), temor a los múltiples exámenes, temor a los deberes y a los retrasos con los mismos, temor a olvidar algún material en casa, temor a expresarse mal en una lengua extraña a la materna, etc. La palabra clave de nuestra primera inmersión en el sistema educativo obligatorio fue la de TEMOR. Increíble, pues se supone, y recalco ‘se supone’, que a la escuela se va a aprender y que aprender nos gusta.

Posteriormente, nos trasladamos a la Comunidad de Madrid. Bien, nos habíamos sacado de encima el catalán y ya teníamos un punto a favor. Pero, nuevamente la sorpresa. Nuestras hijas se integraron en un sistema que llevaba un ritmo independiente del que llevaban el resto de compañeros. Es decir, los verdaderos protagonistas del aprendizaje.

En lo que me atañe, no se tuvo en cuenta que mis niñas venían de un sistema pedagógico autonómico diferente y, por ende, con la obligatoriedad del uso de una lengua diferente. Se les colocó en su curso y a seguir el ritmo. A la incertidumbre inicial de ellas, y de nosotros, se le sumaron unos cuantos elementos más: la desidia de los educadores para llevar a cabo un trato especializado o individualizado con las niñas (no todos los niños siguen un ritmo homogéneo de aprendizaje); la falta de trabajo de apoyo para que se adaptaran gradualmente al ritmo del grupo, los innumerables exámenes (con toda la carga valorativa que la palabra conlleva), las tareas extraescolares a mansalva, los castigos grupales y el temor nuevamente. Lejos, muy lejos, quedaba el placer de la lectura, lo divertido de resolver problemas, lo estimulante de pensar, investigar  y asombrarse con las ciencias, lo interesante de pintar y dibujar y, muy especialmente, lejos quedaba jugar.

Ahora todo parece desenvolverse en un círculo cerrado. Las niñas tienen temor, están sobrecargadas, se asustan con, y en, los exámenes, arrastran dificultades en la comprensión de procedimientos y razonamientos (especialmente los matemáticos), perciben agresividad por parte del maestro, pero también por parte de los otros niños. Cada 10 días, ¡10 días!, les realizan una evaluación del tema trabajado, ¡trabajado! Puedo sentir su temor al separar los bancos (no vaya a ser que se copien….a propósito las Teorías de la Copia sostienen que es una importante fuente de aprendizaje el aprender, el copiarse de los niños que han entendido el tema!), al serles entregada la hoja y que el tiempo empiece a correr.

Comienzo a entrevistarme con las diferentes maestras de mis hijas…y escucho los mismos discursos: los niños son tratados como posibles delincuentes, clasificados, acusados de vagos, perezosos  y si no entienden el tema, no es que el maestro no supo explicarlo, ¡es que el niño estaba relajado, despistado, desconcentrado!, en síntesis, es un perezoso al que no le interesa aprender. Pero estos discursos van en contra, están completamente superados por todas las teorías e investigaciones que se han realizado  en las últimas décadas acerca de los niños y los procesos de enseñanza-aprendizaje. Mi voz resuena como un eco…

La situación no mejora y no tiene vistas de mejorar en un futuro próximo. Mis hijas van ‘justitas’ y alguna se ‘relaja unas semanas’. ¡Menos mal! Intento ponerme en su lugar, y siento más y más aprehensión, más incertidumbre, más agresividad….En síntesis, más temor.

Me pregunto, dónde quedaron esas ideas de los educadores, aquellas que tanto se han trabajado desde hace unos 30 años, de educar para formar sujetos críticos, reflexivos, amantes del saber y del conocimiento. ¿Dónde está el juego, la lectura, la investigación, la exploración, el diálogo y los argumentos (que nos legaron los griegos)? Ningún niño es perezoso a la hora de aprender, basta llevarlo a un planetario y nos atiborrarán a preguntas…¡Eureka! Hemos despertado su curiosidad. Realicemos un experimento en casa, nadie se quedará como si nada estuviera sucediendo a su alrededor. Pongámosle frente a su mirada un cuadro de Van Gogh y veremos todos los intentos que realizan por pintarlo de forma similar….Así podría seguir enumerando interesantes actividades, que por supuesto, y para nuestro horror, no se realizan en la escuela! Pensar, jugar, aprender, leer, investigar, argumentar, dialogar, compartir, copiar, ayudar, expresar…etc, etc.

Desde el principio de nuestra familia, hemos intentado, algunas veces con éxito y otras no tanto, mostrarles a nuestras hijas, como lo hicieron nuestro padres con nosotros, lo maravilloso que es aprender, especialmente aprender acerca de lo que nos rodea: la naturaleza y los otros seres humanos. Me pregunto, luego de observar y reflexionar acerca de esta situación catastrófica por la que atraviesa la educación pública, ¿qué les sucede a las otras madres y padres? ¿Por qué no reclaman una mejor educación? ¿O una educación diferente?

¿Cada sociedad tiene la educación que desea o la que se merece? -Virginia Baudino, 3 hijos- Madrid, marzo 2008