Página 31 ”Si se estudia la
historia de las instituciones educativas de forma crítica, no creo que haya
ninguna dificultad para darse cuenta de que las escuelas no se crearon para
satisfacer la curiosidad intelectual de niños y jóvenes. Su misión
institucional más genuina, desde el inicio de la escolarización obligatoria a
mediados del siglo XIX fue prepararlos para que pudieran satisfacer las
necesidades de las sociedades industrializadas del capitalismo incipiente. Por
eso dicho modelo fue el de la Escuela Graduada, semejante al que acaba de
implantarse en las grandes factorías industriales (…)”
Página 41 “(…) la mayor parte de
los aprendizajes conseguidos en la escuela desaparezca rápidamente de la mente
de los alumnos, cosa que tampoco resulta preocupante a los niños y jóvenes dado
que son conscientes de que ese conocimiento oficial que les transmite la escuela
es absolutamente irrelevante para sus vidas prácticas”
Página 76 “El problema principal
es que una determinada minoría de mandarines decidan que ese currículo es una
especie de dogma de fe al que sólo se le pueden hacer las modificaciones que
ellos mismos prescriben, siendo que debería ser entendido como algo
absolutamente relativo”
Página 80 “Las condiciones a
las que están sujetos los alumnos en la escuela son muy semejantes a las de los
trabajadores adultos, aunque no reciben ninguna remuneración salarial por el
trabajo que llevan a cabo. Es por ello que, en sentido estricto, no cabe
hablar del oficio de alumno, pero sí en sentido amplio. Obviamente, un oficio
muy peculiar ya que las condiciones de alienación son semejantes, o incluso
peores, que las de un trabajador adulto, pero en cambio la sociedad no ofrece al
alumno un salario por el hecho de vender de forma obligada su fuerza laboral
(…)”:
Perronoud ofrece los siguientes
ejemplos para demostrar que las condiciones laborales de los alumnos, durante la
escolaridad obligatoria, son mucho más coercitivas y alienantes que las de de
cualquier trabajador adulto:
1)
El alumno no tiene ninguna posibilidad de elegir el
centro de trabajo (es decir, el colegio) ni de cambiarlo por otro si se siente
descontento.
2)
El alumno depende fuertemente de un tercero, no
solamente en sus finalidades y condiciones principales, sino en los detalles y,
de manera notable, en su fragmentación y relación con el tiempo.
3)
El alumno ejerce su trabajo bajo la mirada y el
control permanente de terceros, no solamente en cuanto a sus resultados sino en
cuanto a sus menores detalles.
4)
El alumno se encuentra constantemente ante una
evaluación de calidades y de deficiencias de la persona, de su inteligencia, de
su cultura y de su carácter.
5)
El alumno carece permanentemente de tiempo y de
flexibilidad para seguir nuevos caminos, aprovechar oportunidades y para
responder nuevas demandas.
6)
El alumno no tiene ninguna posibilidad de negociar
con sus profesores las condiciones de su trabajo, debido a la rigidez de las
prescripciones curriculares y al cultura escolar
7)
El alumno está sometido a una relación utilitarista
laboral enajenante, ya que los premios y castigos que recibe no depende tanto de
la significatividad de los aprendizajes, cuando de que ejerza su oficio con la
prontitud, diligencia y conformismo que la cultura escolar tradicional espera de
él.
8)
El alumno está sometido a una especie de tela de
araña basada en el conjunto de tareas escolares discontinuas, cerradas y
escasamente relacionadas entre sí, que vienen marcadas por absurdos horarios,
por espacios débilmente diferenciados, o o por objetivos y contenidos que nada
tienen que ver con sus auténticos intereses.
9)
El alumno está sometido a la omnipresencia de la
restricción y del control, fijado en unas prescripciones legales en las que
jamás se la ha pedido su opinión, para que no falte a clase y para que trabaje
incluso sin deseo ni interés. De forma oculta, dichas restricciones adquieren
sentido e una especie de contrato de trabajo basado a menudo en lo peor del
desorden, en las trampas, en la desconfianza, en la ley del mínimo esfuerzo y en
la aceptación implícita de que el alumno, por ser menor de edad, no tiene
derecho a ser escuchado.
Al alumno se le obliga a
vivir durante un montón de años en un espacio cerrado, tan amorfo como el de
cualquier fábrica y sujeto a normas de uso semejantes a las que rigen la vida de
un cuartel o de una cárcel. Dicho espacio está
estructurado sobre la base de una evaluación continua (…) en detrimento del
tiempo y del esfuerzo que debería se dedicado a la satisfacción de las
necesidades verdaderamente educativas.
La relación comunicativa entre
alumnos y profesores, o con respecto a sus compañeros, está mucho más
burocratizada que la que se da en cualquier factoría industrial. Al alumno se le
pide que hable y se exprese sus opiniones, pero sólo cuando los profesores lo
estimen oportuno, o cuando así lo exija el modelo didáctico.
En unas condiciones
semejantes (…) que son comunes en mayor o menor grado a todos los tipos de
escuelas, parece increíble, al menos desde el punto de vista ético que se exija
a los alumnos que vayan al colegio contentos (…)”.
Página 97 “A mi juicio, lo que
los profesores de los niveles obligatorios de la enseñanza necesitan (sobre
todo, los novatos) es disponer de una amplia gama de modelos didácticos para
poner en práctica en cada ocasión el que consideren más realista en función de
la fundamentación teórica de cada uno y de las condiciones situacionales
requieren” (…) “El modelo didáctico por excelencia suele consistir en el que el
profesor presenta los aspectos fundamentales del tema estudiar, apoyándose en
los datos que ofrece el correspondiente libro de texto, y a continuación exige
al alumno que lleve a cabo una serie de actividades que, generalmente, están
extraídos de los propios libros de texto o de los cuadernos de actividades que
paralelamente suministran las editoriales. Durante el proceso de realización de
dichas actividades, la función principal del profesor suele consistir en
controlar que los alumnos no se copien entre sí y que no organicen demasiado
follón. Es decir, es una labor semejante a la que hace un pastor de ovejas, pero
en el caso de la enseñanza algo más penosa, ya que los profesores no disponemos
de la ayuda inestimable del perro ovejero”
Página 106 “A mi juicio, son
las técnicas de marketing y nunca la calidad de los mismos, lo que explica el
uso masivo de los libros de texto (…). (…) jamás deben probar las
editoriales que los libros de textos han sido sometidos a un proceso de
investigación propia, ni mucho menos a explicitar los efectos secundarios de
cada marca. (…).
Esta política liberal salvaje
que se produce en la comercialización de los libros de texto siempre me ha
parecido monstruosa (…)”.
Página 119 “(…) Desde la más
tierna infancia, el niño aprende en la escuela valores sociales que son
semejantes a los que se exigen en las empresas: las decisiones importantes deben
ser tomadas por los superiores jerárquicos, siendo la misión de los obreros el
aceptarlas sin protestar y, ni siquiera, sin preguntar”
Página 120 “Cuando los niños
pasan del a escuela infantil a la primaria y después a la secundaria, las
rutinas y preceptos ordenancista son mayores aún. Por lo general, los horarios
de impartición de las materias se convierten en algo inflexible y la
desmembración del conocimiento enlatado es el leit motiv de la ecuación
institucionalizada. Ya no basta con que el niño tenga que estar obligado a
trabajar cinco o seis horas diarias haciendo actividades sin sentido en el
interior de las aulas, sino que, además, se le obliga a
que continúe trabajando cuando llegue a su casa a través de la imposición de los
clásicos y socorridos deberes. Ya no basta inculcarles unos principios morales
semejantes a los de cualquier obrero, sino que ahora, a través de las exigencias
brutales derivadas del trabajo a realizar, se les está inculcando, de forma
implícita, una moral de esclavos.
Esclavos cuya misión es trabajar
sin recibir a cambio la más mínima remuneración económica ni afectiva y con la
obligación añadida de sentirse felices y contentos.
El único incentivo que reciben
los alumnos es la promesa de que si hacen todo el trabajo que les mandan sus
profesores con rigor y abnegación, cuando sean adultos estarán en condiciones de
convertirse en triunfadores, lo cual es como decir en abnegados trabajadores o
en explotadores de aquellos otros compañeros que se negaron a realizar el
trabajo escolar con la pulcritud y el esmero que demandaban sus profesores”
Página 138 “Personalmente opino
que la participación de los alumnos en los consejos escolares no tiene
demasiado sentido, a no ser que se vayan dando cuenta de la inutilidad de los
mismos y de las trampas que son propias de los sistemas democráticos
prudenciales”
Página 183 “El trabajo escolar
se puede convertir en algo pesado, aburrido o alienante o bien ser fuente de
inagotable de placer, según sea el sentido que se le dé a la enseñanza. Una
enseñanza autoritaria y que esté basada en unos contenidos que nada interesan al
alumno, es indudable que tiene que ser sentida por el niño como un trabajo
agotador y el resultado lógico y naturales será la conversión del niño en un
holgazán perezoso.
Sin embargo, una enseñanza
basada en el respeto de las necesidades básicas de cada alumno da como resultado
que éste perciba el trabajo escolar como una acción gozosa y lúdica que comparte
con sus compañeros de clase bajo la atenta mirada y el consejo del profesor”